Libre mercado
Sigue el mundo dando tumbos con sus problemas financieros, pero aquí en Panamá es como si viviéramos en un mundo aparte. No nos ha alarmado el problema de los escándalos de corrupción y fraude en el manejo de las finanzas de los inversionistas de todas partes del planeta.
No hay visos de que pueda alarmar a nadie en Panamá el riesgo de que esa reacción en cadena que se ha generado en las bolsas de inversión, en los aumentos del desempleo, en la estatización de pensiones y/o la desaparición de estas y en el desplome de todos los indicadores de confianza que miden el comportamiento humano con relación a su seguridad financiera y a la seguridad laboral.
Desconoce el panameño que entre esos millones de personas, en otros países, hay quienes han perdido su empleo, otros que han perdido su fondo de inversión para su jubilación y hay gente común que se ha quedado hasta sin vivienda. Acá seguimos un espiral de gastos y no se promueve el ahorro y la prudencia en estos tiempos tormentosos.
Nuestra gente en Panamá solo piensa en lo que ha venido bajando el precio del petróleo, el de algunas materias primas para la producción de alimentos y hasta de algunos insumos para la construcción y de allí concluye que todo debe bajar de precio. No obstante, la banca sigue su restricción de líneas de crédito, aumenta intereses, pone condiciones en las hipotecas y ejecuta nuevas reglas para el financiamiento interino de los grandes proyectos inmobiliarios. En la mayoría de los casos, es para proteger la inversión nacional y la extranjera así como las propias reservas de la institución financiera. El gobierno nacional ha comenzado a tomar la palabra en el sentido de que ya ha a establecido nuevos parámetros mediante una resolución no muy circulada que da a los bancos la posibilidad real de hacer algunos ajustes en sus carteras de inversión de corto y largo plazo. De igual forma, hay medidas tomadas por el gobierno en el sentido de que se hace sentir el comienzo de una regulación de los precios para darle supuestamente soporte a la ciudadanía. Tenemos el caso de los combustibles y ya de algunas iniciativas de popularizar aún más la venta de productos subsidiados por medio de los programas Compita.
De igual forma, si no se corrigen o no se dan señales de que productos nacionales y extranjeros comiencen a dar visos de rebajar y de revisar el margen en que se trabaja desde el productor hasta el consumidor, llevará cada día más al gobierno a caminar hacia la regulación de los precios. Es por eso, que se debe dar un pronunciamiento oficial y técnico de que se camina en la dirección de salvar la crisis financiera global y no de fustigar por medio de argumentos de campaña electoral.
La producción nacional, a pesar de todo ha seguido siendo leal con sus consumidores a pesar de la crisis generada por el desmesurado aumento de sus materias primas e insumos, esta cumplió y cumple a cabalidad el suministro día a día de sus productos al mercado nacional. El golpe que se ha recibido en los últimos dos años fue al 100% de los sectores que componen el PIB nacional y que ahora, como producto de la turbulencia mundial, procura buscar el equilibrio.
América Latina ha dejado de ser un continente marcado por las políticas neoliberales, se ha convertido en santo y seña de las consecuencias de la liberación y desregulación de los mercados, terminando en gobiernos populistas en donde privan los impulsos extremistas en vez de la razón y el bien común. Es ahora cuando más aprendizaje debemos sacar de lo prioritario que sería apuntalar el sistema económico y financiero nacional con medidas que den confianza de que a pesar de que nos tocará parte de esa reacción en cadena, se toman medidas de contingencia para asegurar la estabilidad financiera de los panameños y extranjeros que han decidido invertir sus dineros en nuestro Panamá. Por lo que no se debe interpretar por nuestros gobernantes que por el exceso de desregulación que hay, la solución es la regulación de los precios. Es la docencia al consumidor, al productor y al intermediario de ser justos y equitativos en el sistema de libre empresa que nos soporta, por el cual hemos luchado tanto y por tanto tiempo.